Tiempo Imperfecto/Santiago Pérez/Carmen Córdoba

Viernes 22 de enero de 2010
por  antoniocaba
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Autor Paisaje Sonoro: Santiago Pérez


Título Paisaje: Tiempo Imperfecto.

Ficha Técnica: Sonidos provenientes del goteo de un grifo sobre la pica de un fregadero, y el segundero de un reloj. Ambos sonidos han sido grabados por el autor.



Autora Texto: CARMEN CORDOBA


Título: Tres Relatos


Carmen Córdoba (Lucena, 1987) estudia Filología Hispánica en la Universidad de Granada, ciudad donde reside actualmente. La literatura es probablemente el epicentro de sus movimientos. Ha sido coordinadora de talleres de lectura y, en este momento, es redactora de Letra Clara (revista de la facultad de Filosofía y Letras, UGR) y coordina el ciclo de lecturas Salón de las Letras. Alguno de sus cuentos puede encontrarse en la revista digital En Sentido Figurado, en Letra Clara, en algún blog de la red y en el suyo personal.


TRES RELATOS

DISIMILACIÓN

Entro en el café. La conversación con Ignacio aún me trae de cabeza. Saludo a Óscar, el camarero, y tomo asiento. No sé si Ignacio habrá querido decirme algo estando dos horas largas pegado al teléfono. Un café, Óscar. Será cierto que me echa de menos, no lo dudo, pero no creo que la única forma de demostrarlo que hay sea enriqueciendo a las compañías telefónicas. ¿Es posible un vaso de agua también? Yo también lo extraño, claro. Va a hacer un año que no nos vemos, ¿ya lo ha hecho? Vaya, cómo pasa el tiempo. En este tiempo he sabido estar a la altura. Si no me opuse a que dejara la ciudad, si, de hecho, lo animé a hacerlo, ¿cómo iba yo a resentirme porque Ignacio se fuese alejando cada vez más de la ciudad, de mí y de su mismo pasado? Gracias, eres un sol, Óscar. ¡No has tardado para nada! Tranquilo, estás perdonadísimo. A Ignacio le gustaría conocer a Óscar, es buen tío y bastante interesante, como él. Es curioso que todavía hoy me atrapen las mismas ganas de escucharlo que cuando me tenía rendida a su olor, en el desnudo de su cama. No, hoy no he quedado con nadie, he venido sola, pero no te preocupes, si tienes que trabajar lo entiendo, ¿eh? El sentido del humor es una muestra proporcional de la inteligencia de cada persona. Se notaba mucho que Ignacio era rápido y audaz en la sutileza de su humor. Me daba vueltas: cuántas veces no me dejó pensando mientras él solo se reía de alguna ocurrencia. Me encanta la gente que sonríe, Óscar siempre lo está haciendo, en muchas ocasiones riendo a carcajadas, qué vitalidad. La sonrisa de Ignacio era mucho más arrogante. Encantadora y arrogante. La de Óscar es encantadora pero tierna. Da confianza este chico. No, nada más. Ve al baño anda, yo estoy al tanto, tampoco hay tanta gente. No sé si tengo ganas de seguir haciendo el payaso con Ignacio. No puedo resistirme a su voz, está claro, pero si no lo oyese más, ¿podría olvidar ese temblor de estómago? Claro, un momento que llamo al camarero. ¡Ay! Qué susto me has dado, Óscar. Aquí está ya, señora, pídale a él. Se me va a salir el corazón por la boca. Esa mano en la cintura inesperada. Dios. La verdad es que es divertido. Ni siquiera sentada me dejan de temblar las piernas. Qué miedos más tontos paso. Me está sonriendo desde la barra. Si no lo conociera pensaría que intenta ligarme. Hace tiempo que no ligo así con nadie, no me ha apetecido, voy a jugar con Óscar, parece divertido. ¿Qué querrá decir un dedo en la frente? ¿Cómo le respondo a eso? Ya sé, dedo en el cuello. No lo entiende, ja. ¡Dedo en el codo! ¿En el codo? Tienen que oírse mis carcajadas a varias manzanas de aquí. Me encanta cuando ríe. No estoy segura de porqué me gusta tanto venir a esta cafetería. Me saca la lengua… qué querrá decir, ¿está jugando o provocando? ¿Y si me levanto y le muerdo la lengua? Se descojonaría. Ignacio se hubiese molestado, pero Óscar es mucho más sano. Se está acercando. Sigue sonriendo y me siguen temblando las piernas. El pulso incluso me hace derramar el café. ¿Por qué le aparto la mirada? También la aparta él. Los cinco metros que nos separaban parecen ahora kilómetros. ¡Un beso! ¡Me ha dado un beso! ¿Cómo se me ocurre mirar para todos sitios y no decirle nada? ¡Estoy ruborizada! Esto sí que es impredecible. ¿Ignacio? ¿Quién es Ignacio?

PEZ


Con frecuencia me enamoro durante diez minutos. De repente, en cualquier sitio, una voz, una mirada, un roce, hace que me burbujee el estómago. Esto que cuento es curioso porque parece mala suerte pero durante esos diez minutos soy absolutamente feliz. Siento que lo tengo todo. Y lo mejor es que puedo sentirlo varias veces al día.
La última vez que me pasó fue anoche. Conocía al chico desde tiempo atrás. Para mí era un chico atractivo e interesante pero nunca había cruzado más de tres palabras con él. A la cuarta palabra, tras la quinta cerveza, el chico ya era para mí razón de vida y aquel bar era todo lo que me importaba.
Mantuve elegantemente una conversación estúpida solo por oír su voz y captar su atención. Nos movió la simpatía, los temas se volvieron interesantes mientras se pudo, una especie de apego mutuo nos envolvió (evito usar la palabra “feeling”) y ahí estábamos: martes, una y pico de la noche, enésima cerveza en mano, hablando del tiempo.
Desenamorarme me llega a durar casi veinte minutos. Pero no me importa porque normalmente los grandes enamoramientos me ocurren de noche y los desenamoramientos los paso durmiendo. Así, cuando me levanto, ni rastro de la gran pasión nocturna (no consumada, conste).
Ayer, caminaba sola de camino a casa y era feliz. Estaba en proceso de desenamoramiento pero, y aquí llega la gran suerte de mi vida, como casi nunca da tiempo a que ocurra algo traumático el desamor viene por si solo como una muerte por vejez, sin enfermedad que trunque una historia que, seamos sinceros, no existe.
Volveré a ver a cualquiera de mis amores fugaces, pero ya no será lo mismo, será casi un ex, una persona a la que le tendré cariño por el hecho de haber sido un amor en algún momento de mi vida. Lo único que me entristece un poco es la evidencia de no poder recordarlos a todos eternamente.

PEZ II


El día en que el amor me duró quince minutos comencé a preocuparme. De repente, como diría un endocrino mi metabolismo había cambiado. Ese día, sólo me enamoré dos veces. Quince minutos de amor conllevan a media hora de desamor y después del desamor todo el mundo necesita estar solo un tiempo.
Siete días después exactamente, en un bar, vi a un chico de lejos. Nadie se enamora a primera vista, pero de esa atracción te sirves para empezar. Me acerqué a él y le pedí fuego. Normalmente no fumo. Aquel cigarro se me hacía demasiado largo. Después de la pequeña charla, el chico me invitó a una cerveza. Estupendo, me había enamorado. Seguimos hablando. Estoy segura de que también él se estaba enamorando. Ese enamoramiento duró aproximadamente un par de horas. Me angustiaba pasado el luto pensar que me estaba haciendo mayor. Consumamos nuestro amor en fase ya de desamor. Así que fue sexo, simplemente sexo. Entre nosotros ya no había nada.
Hoy es domingo. Y desde el lunes vuelvo a estar enamorada. Puedo decir que es el amor más largo de mi vida. Me pregunto qué pasaría si empezase con él una relación. Pero sé que nunca llegará a buen puerto. Este chico, sospecho, que no siente lo mismo que yo. Estoy deseando comenzar la fase de desamor. Sé que ahora será más larga, casi eterna, un día, quizá dos. Estoy tan enamorada en este momento que me alegraría si fuese cierto que él no lo está. No todo el mundo tiene la capacidad que tengo yo para olvidar. Y, de verdad, no querría que pasara su desamor con un choque traumático cuando me levante un día y mi duelo haya pasado. Hicimos el amor el segundo o tercer día de idilio. Fue la primera vez que lo hacía con amor, con tanto amor. Quizá por eso me está durando tanto. Quizá el amor utilizó esa sustancia física como combustible. Ahora, es inagotable.
Tengo dos grandes razones por las que no confesarle todo esto. Un motivo, que sería más que suficiente, es que no tenemos posibilidad de profundizar en una relación, estamos separados por algún mar, por algún territorio de nadie, por un espacio sideral irreconciliable y, el otro es que, además, la experiencia me dice que no durará más allá de un par de días más todo este “fuego ardiente”.
Otra cosa es ese no-sé-qué que se siente siempre que estás enamorada. Ese no-sé-qué que te dice que es este el momento, esta la persona y esta la oportunidad.
Ávida de correspondencia, me da pereza sentir. Espero impaciente el duelo y, después, mis amores fugaces que tan feliz me han hecho.







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Lunes 2 de mayo de 2016

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